30 de abril de 2014

Mis historias en el tren...



Subo al tren, como siempre en el primer vagón, y voy en busca de mi rincón preferido: el que está pegando a la cabina del conductor.


Me gusta este sitio porque se encuentra un poco aislado al estar medio encajado entre el lavabo y uno de los laterales del tren, y porque es un rinconcito en el que casi nunca se sienta nadie, a menos que el resto de los vagones se encuentren totalmente ocupados, pero que a mí me atrae especialmente porque me permite distanciarme un poco de los demás viajeros.
 

Algo menos de una hora dura el trayecto que voy a hacer. Un trayecto mil veces recorrido, pero no por ello menos sorprendente, porque me permite conocer y palpar la vida en directo. Saldrían mil historias de ello...


Los transportes públicos son una fuente inagotable de conocimiento del ser humano porque muy a menudo te encuentras en ellos con gente de todo tipo y condición. Y estoy refiriéndome a los transportes en los que el recorrido va más allá de unos pocos minutos, como suele pasar en los autobuses urbanos o en el metro. En estos, dejando ya de lado el hecho de que te sientes allí dentro como metido en una especie de axfisiante nicho en el que te empujan y apretujan por todos lados, no da tiempo, por el trasiego de entrar y salir continuo de la gente, a pensar más allá de cómo hacer para salir indemne de la aventura que casi siempre supone viajar en ellos.


El tren es otra cosa. No siempre va tan lleno; no en los horarios en los que yo me muevo, y por eso el viaje puede convertirse en un tiempo casi de relax. Un tiempo que tengo sólo para mí y en el que, dependiendo de mi estado de ánimo, aprovecho para leer, escribir en esa libreta que llevo siempre conmigo, o en ocasiones para pensar.


Pensar sin prisas; recreándome en mis pensamientos y tratando de diseccionar lo último que haya ocurrido en mi vida o en mi entorno más cercano. Dándole una y cien mil vueltas a todo lo que me resulta incomprensible, sobre todo al comportamiento humano que es para mí el mayor de los misterios. Intentar comprender qué se esconde bajo determinados comportamientos da para mucho pensar...


Quizás debería aprender a no darle tantas vueltas a las cosas. Aceptarlas tal y como son sin intentar llegar al fondo de ellas, porque la experiencia me ha demostrado que esto a la larga sólo nos trae sufrimiento.


Es ésta una de mis asignaturas pendientes...



29 de abril de 2014

Lucía...



Decía siempre mi amiga Lucía que sólo existía una manera de conseguir que ni las cosas ni las personas pudieran llegar a lastimarte y era no poniendo demasiadas espectativas en ellas.

Su andar por la vida fue siempre bastante peculiar, por llamarlo de alguna manera.

Éramos dos polos opuestos porque yo, por más que lo he intentado siempre poniendo incluso en ello todo mi empeño, nunca supe caminar con los pies a ras del suelo. A mis largas temporadas en las que vivía como flotando en una nube, aquellas en las que cualquier cosa me producía una gran ilusión y la cosa más pequeña e insignificante me hacía sentir dichosa, seguían otras en las que me encontraba sumida en el más profundo de los abismos. Y de repente un día, sin saber muy bien por qué, de nuevo volvía a verme encaramada en lo más alto. Pero nunca, nunca, caminando con los pies en el suelo.

Lucía, por el contrario, siempre supo encontrar el término medio y por tanto vivir la vida con una especie de  pragmatismo que ya lo quisiera yo para mí. Su lema era no permitir que ni las personas ni los acontecimientos diarios pudieran dañarla, y por eso se había revestido de una especie de coraza que la protegía de todo y de todos y que por tanto le permitía salir ilesa de cualquier encontronazo.

Reconozco que su actitud me producía algo de envidia porque yo, que constantemente me veía vapuleada por los acontecimientos, siempre anduve llena de cicatrices. A veces sólo leves rasguños; otras, por el contrario, profundas y muy dolorosas que hacían que me sintiera como un perro apaleado.

- Le pones demasiado empeño y pasión a las cosas. Te das demasiado a los demás y eso a la larga sólo puede traerte dolor y sufrimiento. No puedes esperar de los demás lo mismo que tú les das, porque cada uno camina por la vida con un paso diferente.

¡Cuántas veces me dijo estas frases...! Y cuántas veces, por no decir siempre, cayeron en saco roto.

Tengo que admitir que en lo que a mi relación con los demás se refiere casi siempre fuí de los de todo o nada, porque cuando me doy lo hago sin condiciones y supongo que inconscientemente espero lo mismo a cambio. Por eso, cuando no es así, a veces llegan las decepciones, pero como si algo he aprendido con el paso de los años ha sido a levantarme una y mil veces y a no darme jamás por vencida, aquí sigo, manteniendo intacta mi fe en los demás y creyendo por encima de todo en aquellos a quienes un día encerré en mi búnker particular.

Son muy poquitos quienes están ahí encerrados, pero si de algo estoy segura es de que jamás saldrán de él, porque como me decía siempre Lucía "te cuesta darte, pero cuando lo haces es para siempre. Los encierras en una especie de búnker y ya no los dejas salir."


Pronto hará cinco años que Lucía cruzó al otro lado, como ella lo llamaba en la fase final de su enfermedad, pero sigue y seguirá estando encerrada dentro de mi búnker particular junto a los seres que más quiero en esta vida y en todas las vidas que aún están por llegar.



20 de abril de 2014

Comenzando de nuevo...



 Hoy es el Domingo de Resurrección y casualmente es el día que he elegido para "resucitar" de nuevo en el mundo de los blogs...

Éste no es mi primer blog. Tuve otro durante más de cinco años, pero al final me cansé de escribir, aunque más bien se me acabó la inspiración para hacerlo, por lo que un buen día decidí cerrarlo y eliminarlo del mundo cibernético. Por suerte tuve la precaución de hacer una copia, así que gracias a eso no se perdió para siempre lo que fui escribiendo en él.

Algunas de aquellas entradas volveré a publicarlas en éste, sobre todo los relatos de ficción, porque me da pena que hayan quedado guardados en el baúl de los recuerdos. De alguna manera los personajes que inventé forman parte de mi historia personal y por eso se merecen estar aquí.

No será un blog monotemático, como tampoco lo fue el otro, lo que significa que iré escribiendo en él sobre todo lo que llame mi atención o crea interesante. Mi intención, además, es la de comentar noticias de actualidad, libros que he leído, cine y series de televisión que me hayan parecido especiales...

Las reseñas en cuanto a libros, cine, series de TV...  elegiré  los menos conocidos, o que no sean muy, muy populares, porque de esos ya se encuentran a miles en internet. Simplemente hablaré sobre lo que a mí me haya parecido especial aunque no sean ni populares ni muy conocidos.
Espero tener la constancia necesaria para ir actualizándolo, aunque como me imagino que seré su única lectora tampoco es algo que importe tanto... :-)