19 de julio de 2014

El faro que nos guía...






Te costó soltar amarras... La pequeña barca en la que te balanceabas lentamente, ya casi sin fuerzas para mover los remos, poco a poco se fue alejando entre la espesa niebla que desde hacía ya casi una semana te había atrapado.

Cogida de tu mano te pedía en silencio que no lucharas más; que te dejaras ir, porque yo estaba segura de que sólo así encontrarías la paz y la tranquilidad que durante años no pudiste tener. Desde tu inconsciencia, de vez en cuando, me apretabas levemente la mano como para que yo supiera que seguías ahí.

Y finalmente lo hiciste... Dejaste de resistirte y de luchar contra lo inevitable y muy poco a poco comenzaste a alejarte hasta que la espesa niebla que te envolvía hizo que desaparecieras completamente de nuestra vista.

Ahora, cuando hace ya cuatro años que te alejaste, siento que el mundo ya no es el mismo. Te llevaste una parte de todos nosotros y nos quedamos sin tu sonrisa... Sin tu fuerza... Sin ese coraje con el que siempre te enfrentaste a la vida.

A la vida hay que enfrentarse con valentía y no dejar nunca que las cosas puedan contigo. Siempre hay que mirar hacia adelante, porque lo pasado, pasado está...

El eco de tus palabras todavía resuena en mi mente y sé que ahí quedarán para siempre. Serán como el faro que guía a los barcos en las oscuras y tenebrosas noches de tormenta, porque de alguna manera, sin ti, nos hemos quedado un poco como un barco a la deriva...