11 de noviembre de 2014

La caja de madera...





Dentro de su cajita de madera, aquella en la que había ido encerrando sus más preciados tesoros, guardó todo lo que sabía ya, casi con la más absoluta de las certezas, que jamás podría tener...

Guardó todo lo que nunca se dijeron; aquellas miradas que sin palabras tanto decían; los sueños que no podrían ser; los escasos momentos de felicidad que sí fueron; las sonrisas; el roce casi accidental de sus manos; los besos, los abrazos...

Incluso colocó dentro las ilusiones rotas; las lágrimas vertidas; las esperanzas frustradas; el latir alocado de su corazón cuando estaban juntos; la complicidad que siempre les unió...

Finalmente, y con mucho cuidado, guardó también la soledad; la nostalgia de lo que pudo ser y no fue; el tiempo pasado; la tristeza infinita que ahogaba su alma; los reproches hacia un destino que le parecía cruel; las mil y una preguntas sin respuesta...

Cuando cerró la tapa se dirigió al jardín y cavando un profundo agujero enterró allí la pequeña caja de madera donde iba encerrada una parte de su vida.

Una vida que a partir de ahora tendría que volver a reconducir... Una vida en la que una parte de lo que más amaba había quedado enterrado bajo tierra. 

Mientras se alejaba lentamente, casi arrastrando los pies, no pudo dejar de sentir una chispa de esperanza. Quizás algún día, pensó, pueda volver de nuevo a abrir mi pequeña caja de madera...


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